Los preparadores físicos y entrenadores nos preparamos a lo largo de nuestra carrera formándonos en diversas  áreas de estudio: fisiología, entrenamiento, anatomía, biomecánica, psicología

Es a esta última precisamente, a la que quiero dedicarle un espacio de mi blog, porque considero importante que no se deje de lado con respecto al resto, ya que, aunque para el cliente puede parecer secundario, el aspecto cognitivo tiene un alto valor en su rendimiento, sus lesiones y en su día a día.

Hablaremos pues de la felicidad y de diferentes aspectos que intervienen en “la búsqueda” de esta, por decirlo de alguna manera, aunque después veremos que este término entrecomillado dista mucho de lo que los más entendidos conocen como felicidad.

El concepto felicidad se define como: “Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”.

Ahora bien, vemos que el factor deseo entra en la ecuación, por tanto, debemos analizar por qué deseamos las cosas y, sobre todo, en qué momento emocional.

Cuántas veces habrás comprado algo material con la expectativa de que tu estado de ánimo cambie, sin embargo, ¿Cuánto tiempo dura ese momento de satisfacción?

Imagina que te encuentras en un estado de ánimo diferente al habitual y que decides comprar ese nuevo ordenador que te haría escribir los mejores artículos del mundo; siento decirte que no es así, que esa es la excusa que estás utilizando para justificar algo que no necesitas pero que momentáneamente te hace sentir mejor <deseo>, pero que con el paso de los días, te das cuenta de que sólo ha sido un momento pasajero.

Los deseos son insaciables -siempre queremos más- pero eso sólo nos reporta insatisfacción, pues es nuestra mente a través de sus pautas de comportamiento la que mediante el deseo trata de evitar esa sensación amarga.

Sin querer meterme en camisas de once varas, tan solo es una reflexión para animar al lector a que haga un ejercicio de introspección sobre qué entiende por felicidad y cómo pretende que dicho concepto se encuentre ligado a su vida. “No controlamos las cartas que nos dan, pero sí cómo jugamos las manos”.

Si de algo no hay ninguna duda, amén de apoyar mi trabajo como entrenador, es que cuanto más fuertes y sanos estemos, más preparados nos encontraremos para afrontar las circunstancias a resolver con una actitud mejor.

La felicidad va ligada a más aspectos que los aquí mentados, no obstante, debemos pararnos en su concepto para definir cómo queremos que esta forme parte de nuestras vidas: ¿Entiendes la felicidad como un objetivo al que llegar, o más bien quieres que forme parte del camino que recorres llamado vida?

Si tu respuesta es la segunda, estás de enhorabuena, pues evitarás situaciones tan comunes como la frustración por un empleo que no te gusta, una circunstancia negativa que te ocurra en el día o la simple comparación con otros de tu entorno.

Resulta absolutamente clave aceptar las realidades que vivimos, es decir, esta es mi situación actual, la asumo y trato de reconducirla si así lo considero o de aceptarla y “jugar mis cartas”.

Una vez que hemos entendido que queremos ese concepto junto a nosotros de forma continua sin el estigma de tener que “luchar” por alcanzarlo, podemos centrarnos en otro aspecto fundamental: tus sueños.

Se entiende por sueño: “Suceso, proyecto, aspiración o cosa que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice y en el que se piensa con placer”.

Los sueños deben ser el motor que nos empuje en la toma de decisiones, el que hace que te levantes cada mañana a comerte el mundo, en definitiva, son aquellos proyectos que sí tenemos por objetivo, sin olvidar que hemos elegido una forma de entender la vida en la que la felicidad será parte del camino. No olvides que los sueños son personales y puede resultar terriblemente difícil tener que vivir a expensas de los sueños que otros tienen pensados para ti: familiares, amigos, entorno en general…

Cuando tratamos de evaluar todos estos conceptos en cada uno de nosotros, entran en juego más aspectos: ¿Cómo es nuestro entorno?,¿Nos favorece?,¿Qué influencias tengo?…

Te puedes hacer infinidad de preguntas que te permitan conformar tu propio “ecosistema de felicidad” y hacer la valoración pertinente sobre si ese es el camino que sueñas. Una vez conoces el entorno puedes pasar a la acción, así que aprovecha toda esa información para juntarte con grupos de trabajo con intereses comunes a los tuyos, amigos con inquietudes similares o familiares con quienes compartes algún o al menos parte de tus sueños.

Otros aspectos que debemos analizar para conformar nuestro propio “yo” vienen dados por aquello que consideramos importante para nosotros y de qué manera nos comportamos frente a cualquier situación: ¿Para mí son importantes las cosas materiales por encima de las experiencias? Resulta necesario que seas honesto contigo mismo -recuerda que estás formando tu “yo”-, ¿Cómo afronto mis circunstancias?, ¿Soy enérgico y positivo?, ¿Soy pasivo y negativo? Cuando hayas dado respuestas a todas las preguntas que consideres necesarias habrás adquirido una información increíble sobre ti mismo que te permitirá tomar decisiones dependiendo de qué quieres ser o adónde quieres llegar.

Volviendo al concepto de la felicidad, hablemos un poco más sobre ella: ¿Te pasas el día pensando en que las cosas cambiarán pronto, que encontrarás un mejor empleo, a tu media naranja o simplemente un lugar mejor en el que vivir? En ese caso, ¿Cómo te sientes?

Es necesario que reordenemos nuestros pensamientos de manera que le digamos al que está ahí arriba dirigiendo nuestro “coco” que deje de pensar en base a deseos y nos permita ser partícipes del proceso de una forma sana, menos contaminada por el flujo derrochador que cubre carencias, y de una vez por todas podamos decir: “Acepto mis circunstancias y actúo sobre ellas de forma sincera para recorrer el camino como realmente quiero”.

Esto daría para escribir muchos más artículos simplemente metiendo un nuevo concepto en la ecuación: el miedo, pero ese lo dejaremos para otra ocasión.

Cuando hablamos de la carrera de la felicidad, ese proceso por el que todo el mundo trata de alcanzarla como sea, debemos distinguir dos vertientes: ser feliz vs encontrar sentido a la vida, aunque yo sólo me centraré en esta última, pues es la que considero importante para nosotros.

Son 4 los bloques de esta vertiente que la resumen: Pertenencia (sentirnos integrados en grupos sociales…), Propósito (tratar de querer ser mejor con uno mismo o con los demás…), Trascendencia (conocernos a nivel interior: meditar, apreciar el silencio, observar la naturaleza…) y por último Narrativa (formar tu propia historia y revisarla de tanto en tanto, así te darás cuenta si, al ver tu historia desde fuera, encaja con aquello que pretendes) que te permite ser el propietario de tu vida y analizarla para tomar acción en caso de que las piezas no te encajen.

El último apartado tiene que ver con el tiempo y la felicidad; ¿Cuántas veces has respondido ante una situación (ajena o propia) con un: “Es que no tengo tiempo”?

Pues bien, si crees que no tienes tiempo para leer este u otros artículos, dedicarle tiempo a ciertas cosas o ves que pospones las cosas que más esfuerzo te requieren (pensar en la felicidad puede ser una de esas cosas), entonces debes sustituir el “NO TENGO” por “NO ES MI PRIORIDAD”.

Tan sólo daré unos pocos consejos que yo mismo aplico a mi vida:

  • Elige aquello que es prioritario y beneficioso para “tu camino”.
  • Gestiona tu tiempo.
  • Utiliza una agenda donde apuntes todo aquello que debes hacer.
  • Prioriza dichas actividades según su urgencia.

Evitar la procrastinación es uno de los principios que permite que te sientas realizado y, por tanto, te mantiene más próximo a tu “camino junto a la felicidad”, además es más probable que alcances tus metas cuando te centras en ellas.

Por todos estos motivos, animo a los lectores a que analicen sus hábitos de vida para tomar acción en ellos, pues como he dicho al principio, personas con un nivel de consciencia mayor sobre ellos mismos les permitirá también rendir mejor a niveles físicos y por tanto, mantener una calidad de vida mejor.

Para mí, la felicidad es “un proceso continuo que supone la aceptación de uno mismo con sus circunstancias y donde las decisiones se toman desde un prisma externo, no dejando cabida sólo a las emociones, las cuales suelen hacer que no tomes la mejor decisión posible si actúan por ellas mismas”.

“El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito. Si te gusta lo que estás haciendo, tendrás éxito”.